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Domingo, febrero 5, 2023

El amor como diagnóstico o “F 63.9”

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Autor Invitado
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by  Dobromir Bánev

El mundo se está volviendo loco todos los días, y no es de extrañar que las personas normales también piensen que están locas. Sobrevivimos de crisis en crisis con la esperanza de que mañana todo sea mejor, porque de alguna manera inexplicable sentimos que nos damos para ser felices. Perseguimos la felicidad en un camino que serpentea a través de la vida, hasta que el destino nos sigue sorprendiendo con algo.

Recientemente me topé con una publicación que me recordó que en 2011, los expertos de la Organización Mundial de la Salud catalogaron el amor como un trastorno mental. Por increíble que parezca, la sometieron a enfermedades como el alcoholismo y la cleptomanía. Me tomé la molestia de verificar: ¡en el registro de enfermedades de la OMS, el amor está registrado con el número F 63.9!

Los sentimientos de amor atacaban a los melancólicos ya los propensos a la depresión de forma más dolorosa. Los coléricos, en cambio, se enfurecían ante el menor problema amoroso. Los síntomas del amor son pensamientos obsesivos sobre el otro, cambios de humor repentinos, problemas de autoestima, autocompasión, insomnio, dolores de cabeza, comportamiento imprudente e impulsivo.

Resulta que todos estamos a favor de un dispensario. Pero si en este dispensario todavía tocamos la felicidad, la locura vale cada segundo.

Lejos del amor, nos sentimos indefensos e innecesarios.

La pasión es imprescindible si queremos ser fuertes para los desafíos. Los pensamientos sobre el otro pueden ser intrusivos, pero su poder destructivo puede hacernos más seguros para defender el amor. Sí, nos vuelve imprudentes, pero fuera de nuestra engañosa zona de comodidad, estamos listos para hacer grandes cosas, hasta una en su nombre, en su honor.

Me cruzo con el resto de locos por las calles de la ciudad e imagino lo difícil que es para cada uno amar, seguir enamorado en esta carrera interminable a la que estamos condenados, alcanzando nuestra pequeña felicidad. Quien es capaz de amar está destinado tarde o temprano a experimentar placer. Quien ha estado enamorado no puede pasar la belleza de la vida misma, por más pruebas que nos haga pasar.

Nuestro dispensario comunitario es el lugar acogedor donde podemos gritar "Te amo" tan fuerte como podamos. No hay drogas, ni procedimientos para ayudar a la gravedad a mantener nuestros pensamientos y emociones cerca del suelo. Porque mientras estamos enamorados, todos volamos en la vigilia y en el sueño, apuntando a la única meta significativa del pacto: darnos cuenta de que vivimos esta vida, que cada momento de ella valió la pena porque se compartió con otro.

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