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Domingo, julio 14, 2024
ÁfricaNiños albinos: supersticiones en África

Niños albinos: supersticiones en África

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Gabriel Carrión López
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Gabriel Carrión López: Jumilla, Murcia (ESPAÑA), 1962. Escritor, guionista y videógrafo. Ha trabajado como periodista de investigación desde 1985 en prensa, radio y televisión. Experto en sectas y nuevos movimientos religiosos, ha publicado dos libros sobre la banda terrorista ETA. Coopera con la prensa libre y da conferencias sobre diferentes temas.

Ser un niño albino en África es como llevar una lápida permanente sobre los hombros. Cuando nacen suelen ser, en muchos casos, repudiados, en otros vendidos a quienes los matan y comercializan con sus restos. En otros, los peores, los crían como perros hasta que crecen y a temprana edad los matan y desmembran para vender desde el pelo hasta los genitales como afrodisíacos. Los niños albinos en África valen su peso en oro.

Cuándo Europa Habla de evolución, de la Agenda 2030, de valores, nos olvidamos del trato que reciben millones de personas en todo el mundo. Las mujeres son apartadas de la formación académica, sometidas a matrimonios humillantes y escondidas detrás de ropas más típicas de la Edad Media que del siglo XXI. Los europeos y americanos nos sentimos obligados a protestar, inventando genocidios inexistentes o nos entretenemos en consolidar creencias que nos impiden acercarnos a la oscuridad que reina en el caos del África negra. Empaquetamos alimentos y dejamos que otros hagan el trabajo sucio por nosotros. Como diría el poeta: que otros hablen del gobierno del mundo y de sus monarquías, mientras la mantequilla y el pan tierno gobiernan mis días. Pero hay cuestiones que no se pueden ignorar y la de los niños albinos (malditos) de África es una de ellas.

Cuando un niño albino nace, tiene que ser aceptado por la familia. Si no, su vida será muy corta. Esta aceptación es la única manera que tienen de sobrevivir. En zonas como Sierra Leona y países vecinos, donde prevalecen las creencias mágicas y la superstición, el reconocimiento por parte de la familia significa que tanto el niño como su entorno se consideran plagados. No se le repudia, pero sí se le señala.

La cero o invisibles como se les llama en el idioma suajili, suelen ser estrangulados al nacer, e incluso enterrados lejos del pueblo para que sus restos descansen en paz. Sus tumbas no están señalizadas para que no sean profanadas y la familia los olvide. Existe una creencia muy extendida entre muchos pueblos africanos de que son gafes, seres que si viven traerán mala suerte al pueblo. Sin embargo, si mueren, la cosa cambia. En un artículo de abril de 2009, en la revista XL Semana, en España, a partir del testimonio de uno de estos niños, que llegó a la costa mediterránea en barco, llamado Moszy, se podía leer lo siguiente:

… Dice que no quiere regresar a su país porque teme ser asesinado y devorado en un ritual de magia negra. Antes de morir, le amputarían brazos y piernas con machetes. Con su sangre, los brujos hacían un caldo llamado muti. Con los dedos de sus manos amuletos. Con sus genitales una poción sexual tan efectiva como el Viagra. Cada uno de sus huesos vale su peso en oro. Cada falange es capaz de usarse como collar…

Todo lo anterior es cierto. Por estos restos se pagan importantes cantidades de dinero. En 2009, un hueso podía costar hasta 1,500 dólares. Imagínese ahora. A lo largo de los siglos, los albinos, al igual que los judíos, han sido exterminados en un lento genocidio. Algunos de los primeros siguen siendo carne de cañón, los otros intentan defenderse del resto del mundo que los condena por intentar vivir en paz. Creencias malditas, ideas perversas, al final prevalecen en un mundo globalizado donde impera el miedo.

Las cifras de la época son impactantes (2009): Sólo en Tanzania, 41 personas han sido secuestradas y asesinadas en el último año. Otros 10 en Burundi. Siete en Mali en Camerún… Y así, país tras país, la cifra aumenta sin piedad.

Salif Keita, eminente músico albino nacido en Mali, cuya música aún se puede escuchar, nació en 1949 en Djoliba, en aquella época en el centro-suroeste del Sudán francés. El es considerado la voz dorada de África y escapó del asesinato porque era descendiente directo del rey Sundiata Keita (1190-1255), fundador del Imperio de Malí. Aun así, confiesa en todas las entrevistas en las que se trata el tema, que escapó de la muerte por su linaje, pero que fue repudiado por la familia y escondido de la sociedad porque era considerado un gafe en la cultura mandinga. Asegura que los albinos siguen siendo sacrificados hoy y en general cuando en cualquiera de los países donde prevalecen estas creencias miserables y supersticiosas, estos niños son secuestrados y se hacen sacrificios con ellos para obtener mejores resultados en las elecciones. En general, el propio Keita confiesa que en su país, aún hoy, si van a un hospital los médicos no suelen tocarles por si les pilla la mala suerte.

En 2023, hace apenas un año, en el diario La República (1) se podía leer uno de sus titulares: Vivir con miedo: niños y adultos albinos en África son asesinados por tráfico de órganos. Han pasado más de 24 años desde la referencia del artículo anterior (2009) a este y todo sigue igual. Pero lo peor es que no existe una legislación que regule este tema. Desde Interpol hasta Bruselas y los diferentes gobiernos a lo largo de los años, nadie parece haber actuado con eficacia. Los brujos que realizaban estas prácticas han sido detenidos, pero en la mayoría de los casos han tenido que ser liberados, porque nadie iba a testificar contra ellos. Europa se lava las manos y ésta no es una cuestión que parezca interesar al Tribunal Penal de La Haya, aunque se trate de un genocidio en toda regla.

En la introducción del mismo periódico anterior se decía: Un solo hueso de una persona albina puede valer unos 1,000 euros en el mercado negro. Un informe reciente de las Naciones Unidas afirma que un “juego completo” alcanza hasta 60,000 euros. Sabemos exactamente qué significan 1,000 euros o 60,000 euros en lo inexistente economia de esa zona del mundo. ¿Por qué hay un informe de Naciones Unidas con fecha de 2023 y no se hace nada al respecto? ¿Quién compra estos amuletos? ¿Por qué no se persigue de forma real tanto al vendedor como al comprador?

Al final, se trata de un nefasto mercado de tráfico de restos humanos que promueve un genocidio que se ha practicado en una zona del mundo durante cientos de años. Pero qué más da, al fin y al cabo no alcanza para un reality show televisivo, ni su difusión aportaría absolutamente nada a ningún medio decente. La sociedad en general y la nuestra, la del bienestar más, tenemos demasiados ombligos en los que mirarnos, mientras seguimos  luchar" for derechos humanos en el mundo. ¿Pero realmente se pelea? Me pregunto, o es sólo propaganda.          

Referencia LaRepublica.PE aquí 

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