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El plan de acción antirracista de Dinamarca se queda corto debido a la exclusión por islamofobia.

El Plan de Acción Nacional de Dinamarca contra el Racismo de 2025 sigue presentando deficiencias al excluir la islamofobia. Si bien aborda el antisemitismo y los derechos de los groenlandeses, carece de medidas específicas contra la discriminación antimusulmana, lo que crea una peligrosa jerarquía de protección. Mientras Dinamarca se prepara para su Examen Periódico Universal de 2026, este artículo critica el enfoque selectivo como un fracaso democrático. Insta a los responsables políticos europeos a exigir el reconocimiento explícito de la islamofobia y estrategias inclusivas para garantizar una igualdad genuina y defender la credibilidad de los derechos humanos.

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El plan de acción antirracista de Dinamarca se queda corto debido a la exclusión por islamofobia.

Mientras Dinamarca se prepara para su próximo Examen Periódico Universal (EPU) en Ginebra el 7 de mayo de 2026, se presentará como un país que finalmente ha dado un paso decisivo contra el racismo. En 2025, el gobierno danés adoptó su primer Plan de Acción Nacional contra el Racismo, una iniciativa largamente esperada que comprende 36 medidas en diversos sectores.

A primera vista, esto parece un hito. Y, en cierta medida, lo es. Pero un análisis más detenido revela una realidad más preocupante: el enfoque de Dinamarca para combatir el racismo sigue siendo selectivo, desigual e incompleto. En particular, no aborda adecuadamente una de las formas de discriminación más acuciantes en Dinamarca y Europa hoy en día: el racismo antimusulmán, o islamofobia.

Bashy Quraishy
Secretario General – Iniciativa Musulmana Europea para la Cohesión Social – Estrasburgo

Thierry Valle
Coordinación de Asociaciones y Particuleros para la Libertad de Conciencia . Francia

Gregorio Christensen

Presidente - Juventud por los Derechos Humanos – Dinamarca

En un momento en que la retórica antimusulmana se está normalizando cada vez más en toda Europa, el nuevo Plan de Acción Nacional contra el Racismo de Dinamarca debería haber marcado un punto de inflexión. En cambio, corre el riesgo de convertirse en otro ejemplo de antirracismo selectivo: un modelo que reconoce algunas formas de discriminación mientras ignora otras.

Mientras Dinamarca se prepara para su Examen Periódico Universal (EPU) en Ginebra el 7 de mayo de 2026, los responsables políticos europeos deberían resistir la tentación de celebrar demasiado pronto. Porque tras el discurso del progreso se esconde un problema más profundo: una reticencia política a afrontar la islamofobia de frente.

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El plan de acción de Dinamarca merece reconocimiento por abordar explícitamente ciertas formas de discriminación. Incluye medidas específicas para combatir el antisemitismo y hace especial hincapié en el racismo que sufren los groenlandeses, un grupo que lleva mucho tiempo sufriendo una marginación estructural dentro del Reino.

Estos son pasos importantes y necesarios. Sin embargo, también ponen de manifiesto una deficiencia fundamental: el plan no aplica el mismo nivel de reconocimiento ni de protección a todos los grupos. A pesar de las recomendaciones de organismos internacionales de derechos humanos a lo largo de los años, el plan danés no reconoce explícitamente la islamofobia como una forma distinta de racismo. Tampoco introduce medidas específicas para abordar la discriminación contra los musulmanes en ámbitos clave como el empleo, la educación, la vivienda o la vida pública.

Esta omisión no es un descuido menor, sino que refleja un desequilibrio político más profundo.

El plan de acción de Dinamarca para 2025 incluye 36 iniciativas y, sobre el papel, evidencia un reconocimiento largamente esperado de que el racismo es un problema estructural. Aborda explícitamente el antisemitismo y dedica una atención significativa a la discriminación contra los groenlandeses, prioridades importantes y necesarias.

Pero cuando se trata de racismo antimusulmán, el silencio es sorprendente. Esto no es un descuido. Es una decisión política.

¿Qué falta en el Plan de Acción?

  • La islamofobia no se menciona explícitamente.
  • No existen medidas específicas para abordar la discriminación contra los musulmanes en el empleo, la vivienda o la educación.
  • No existe una estrategia específica para combatir los delitos de odio contra los musulmanes.
  • No existe un reconocimiento claro de que los musulmanes —una de las minorías más escrutadas y politizadas de Europa— se enfrentan a barreras sistémicas.

La ppolítica de selectivo reconocimiento hace hjerarquía de racismo LOS SUEÑOS

Cuando los gobiernos abordan algunas formas de racismo en detalle, mientras que otras las tratan solo en términos generales, corren el riesgo de crear lo que puede describirse como una jerarquía de protección.

En el caso de Dinamarca:

  • El antisemitismo se nombra y se aborda explícitamente.
  • El racismo contra los groenlandeses es una prioridad, con iniciativas específicas.
  • El racismo antimusulmán sigue siendo en gran medida implícito, si es que llega a reconocerse.

Para los responsables políticos de toda Europa, esto debería ser una señal de alarma. Los marcos de derechos humanos se basan en el principio de universalidad: que todas las personas tienen derecho a la misma protección sin discriminación. El reconocimiento selectivo socava este principio y debilita la credibilidad de los esfuerzos contra el racismo en su conjunto.

Lamentablemente, los gobiernos de toda Europa y de Dinamarca se han acostumbrado cada vez más a condenar algunas formas de racismo, mientras que evitan otras. El antisemitismo, con razón, recibe una atención constante y un compromiso político firme. Pero la islamofobia se trata con demasiada frecuencia como un tema políticamente incómodo, enredado en debates sobre migración, seguridad e identidad nacional.

El plan de acción de Dinamarca refleja esta tendencia general. Al no abordar explícitamente el racismo antimusulmán, refuerza un mensaje peligroso: que no todas las víctimas del racismo merecen la misma protección. Así es como se instaura una jerarquía del racismo: no mediante la exclusión explícita, sino mediante la priorización selectiva.

Normalización, not nneutralidad

Las consecuencias de este enfoque van mucho más allá de los documentos de política.

En Dinamarca y en toda Europa, los musulmanes se enfrentan a:

  • Niveles desproporcionados de discursos de odio y delitos de odio
  • Discriminación persistente en los mercados laborales y de vivienda.
  • Narrativas públicas que los presentan como forasteros, riesgos para la seguridad o amenazas culturales.

Cuando los gobiernos no denuncian ni abordan directamente la islamofobia, no se mantienen neutrales, sino que permiten que esta dinámica continúe sin control. En este contexto, el silencio no es imparcial, sino que la fomenta.

Por qué tla mimporta now?

El momento elegido para el Examen Periódico Universal (EPU) de Dinamarca es crucial. La revisión no es un mero trámite; es una oportunidad para que los Estados —y sus socios europeos— reafirmen su compromiso compartido con la igualdad y la no discriminación.

Si el plan de Dinamarca se aprueba sin un análisis riguroso, se corre el riesgo de sentar un precedente: que las estrategias contra el racismo se consideren adecuadas incluso cuando no abordan suficientemente formas importantes de discriminación. Para los responsables políticos europeos, el mensaje debe ser claro: los enfoques parciales ya no son suficientes.

La Oficina Europea de ppatrón de aanulación

Dinamarca no es un caso aislado. Forma parte de un patrón europeo más amplio en el que la valentía política flaquea precisamente donde más se necesita.

Si bien las estrategias contra el antisemitismo se han fortalecido y coordinado con razón a nivel de la UE, los marcos equivalentes para abordar la islamofobia siguen fragmentados, poco desarrollados o directamente inexistentes. Este desequilibrio no solo es injusto, sino también estratégicamente miope. Ignorar el racismo antimusulmán no lo hace desaparecer. Profundiza las divisiones sociales, alimenta la polarización y socava la confianza en las instituciones democráticas.

El EPU como politico tes

El próximo Examen Periódico Universal (EPU) es más que una revisión técnica: es una prueba de honestidad política.

¿Reconocerán los estados europeos que el plan de Dinamarca, si bien representa un avance, es fundamentalmente incompleto? ¿O respaldarán un modelo de antirracismo que tolera omisiones flagrantes?

Si prevalece esta última opción, enviará una señal preocupante a toda Europa: que los gobiernos pueden satisfacer las expectativas internacionales sin abordar una de las formas de discriminación más extendidas en el continente.

Lo que smoldeo be duno?

Dinamarca debe ir más allá de los marcos selectivos y adoptar estrategias verdaderamente inclusivas.

Esto requiere varios pasos concretos:

Primero, el reconocimiento explícito.
La islamofobia debe reconocerse como una forma específica y distinta de racismo. Identificar el problema es un requisito indispensable para abordarlo eficazmente.

En segundo lugar, medidas políticas específicas.
Los gobiernos deberían adoptar medidas concretas para combatir la discriminación contra los musulmanes en el empleo, la educación, la vivienda y las instituciones públicas.

En tercer lugar, respuestas más contundentes ante los delitos de odio.
Las fuerzas del orden deben estar preparadas para identificar, registrar y enjuiciar los delitos de odio contra los musulmanes, garantizando al mismo tiempo que las víctimas se sientan seguras para denunciar los incidentes.

Cuarto, mejores datos.
Sin datos desglosados ​​sobre discriminación y delitos de odio, la formulación de políticas sigue siendo reactiva e incompleta.

Por último, la gobernanza inclusiva.
Las comunidades musulmanas y los actores de la sociedad civil deben participar de manera significativa en la formulación, implementación y seguimiento de las políticas contra el racismo.

Ante todo, deben reconocer que el antirracismo no puede ser creíble si es condicional.

La cLa mayor parte de inación

Europa se encuentra en una encrucijada. El auge de las políticas excluyentes, la polarización basada en la identidad y los prejuicios normalizados ya no son abstractos: están moldeando las leyes, las instituciones y la vida cotidiana.

En este contexto, no abordar la islamofobia no es solo una laguna política. Es un fracaso democrático.

El plan de acción de Dinamarca podría haber sentado un precedente en materia de antirracismo inclusivo y basado en principios. En cambio, pone de manifiesto las limitaciones de la voluntad política. La cuestión ahora es si Europa está preparada para afrontar esas limitaciones o si seguirá haciendo la vista gorda.

A tel este de Europa comisión

Dinamarca suele presentarse como defensora de los derechos humanos. La adopción de un plan nacional contra el racismo es un paso en la dirección correcta. Pero el liderazgo exige más que un progreso simbólico: requiere coherencia, inclusión y valentía.

La próxima sesión del EPU ofrece la oportunidad no solo de mejorar las políticas de Dinamarca, sino también de enviar un mensaje más amplio a toda Europa: que todas las formas de racismo deben abordarse con la misma seriedad.

De no hacerlo, se corre el riesgo de dejar a uno de los grupos minoritarios más grandes de Europa sin la protección adecuada, y de socavar los cimientos mismos del sistema de derechos humanos que los estados europeos se han comprometido a defender.