Los ojos de una paloma
La sabiduría popular atribuye una agudeza visual extraordinaria al águila y al halcón. Pero, como han descubierto los ornitólogos, las palomas no ven peor. Además, distinguen los colores a la perfección a grandes distancias. Estas habilidades de las palomas motivaron a los servicios de rescate costero de Canadá a utilizarlas. Se les impartió un entrenamiento especial. Se les enseñó a distinguir manchas naranjas en el agua, es decir, el color de los chalecos salvavidas y las lanchas neumáticas. Los experimentos han demostrado que un ave bien entrenada detecta la mancha naranja en el mar tres veces mejor que el piloto más observador y experimentado.
Sobre el vuelo de las palomas
Las palomas jóvenes vuelan con bastante torpeza al principio. Antes se creía que dominaban el arte del vuelo gracias al entrenamiento. Para comprobarlo, realizaron un experimento: liberaron algunas palomas en libertad y al resto las colocaron en jaulas tan estrechas que ni siquiera podían extender las alas. Cuando las palomas liberadas aprendieron a volar, también liberaron a las que estaban en cautividad, y resultó que volaban igual de bien que las libres. Por lo tanto, el papel principal en el dominio del vuelo no lo desempeña el entrenamiento, sino la maduración de las aves.
¿Quién muestra el camino?
Hace algún tiempo, los biólogos creían que las aves viejas y experimentadas, que habían realizado repetidamente vuelos de norte a sur y viceversa, guiaban a las jóvenes. De hecho, los gansos y patos silvestres, así como las grullas, realizan viajes migratorios en bandadas formadas por aves jóvenes y adultas. En estos casos, el liderazgo de las aves mayores es evidente. Un estudio detallado de los vuelos mediante el método de anillamiento demostró que muchos pinzones jóvenes se dirigen al sur antes que los adultos.
Las aves le tienen miedo a las serpientes artificiales.
Actualmente, se utilizan diversos métodos para ahuyentar a las aves de los cultivos agrícolas. Por ejemplo, se emplean aves disecadas con las alas extendidas, que imitan una señal de peligro. Un método inesperado y muy eficaz resultó ser el uso de serpientes artificiales. Los experimentos realizados arrojaron excelentes resultados. Los daños a las plantas, por ejemplo, disminuyeron un 17 % en comparación con las zonas donde se utilizaron otros espantapájaros. En ausencia de este tipo de protección, las pérdidas fueron del 30 %, mientras que con el uso de serpientes artificiales, la reducción fue de tan solo el 3 %. Las serpientes ahuyentan a las aves con su apariencia y, además, estas no se acostumbran a ellas (a diferencia de otros espantapájaros).
Foto ilustrativa: https://www.pexels.com/photo/close-up-shot-of-feral-pigeons-14720798/
