El nuevo tono de Budapest alivia la presión dentro de la UE, pero la adhesión de Ucrania y la reparación democrática siguen sin resolverse.
El nuevo primer ministro húngaro, Peter Magyar, aprovechó su primera cumbre del Consejo Europeo para señalar una postura más discreta y cooperativa de Budapest en la política de la UE tras la derrota de Viktor Orbán. Este cambio tiene consecuencias inmediatas para el proceso de adhesión de Ucrania, las negociaciones presupuestarias del bloque y la prolongada disputa sobre el Estado de derecho, pero no resuelve la cuestión más compleja a la que se enfrentan Hungría y Bruselas: si un cambio de liderazgo puede convertirse en un reinicio democrático duradero.
Durante años, la presencia de Hungría en las cumbres de la UE estuvo marcada por la confrontación, las amenazas de veto y los enfrentamientos en torno a Ucrania, la migración, las sanciones y los estándares democráticos. Esta semana en Bruselas, el simbolismo fue diferente. Magyar llegó como un nuevo líder de centroderecha que prometió representar los intereses húngaros sin convertir cada debate sobre la UE en un arma política interna.
De acuerdo con Desde BruselasSegún declaró a la prensa, Hungría no se opondría ni vetaría las propuestas de la UE por motivos partidistas. Esta sola frase marcó una clara ruptura con el clima de los últimos años, en los que Budapest recurrió repetidamente a las normas de unanimidad para frenar o modificar las posturas de la UE sobre Ucrania y la política exterior en general.
Una cumbre que va más allá del tono.
El momento es importante. Los líderes de la UE se reunieron cuando el camino de adhesión de Ucrania entró en una fase más concreta, con la apertura del grupo de fundamentos a principios de esta semana. En su última Conclusiones del Consejo EuropeoEl bloque acogió con satisfacción esa medida, al tiempo que reafirmó su apoyo a la soberanía de Ucrania, su seguridad a largo plazo y su proceso de adhesión.
Hungría, bajo el gobierno magiar, ya no bloquea la fase inicial de ese proceso. Esto supone un cambio sustancial para Kiev y para la credibilidad de la ampliación de la UE. Sin embargo, Budapest insiste en que la adhesión siga basándose en el mérito y el desempeño, un lenguaje que le da al nuevo gobierno margen para ralentizar los pasos siguientes si considera que Ucrania avanza demasiado rápido o si resurgen las preocupaciones sobre los derechos de las minorías.
Esa postura no es automáticamente obstruccionista. La adhesión a la UE se basa en criterios jurídicos e institucionales detallados, especialmente en el ámbito de los fundamentos, que abarca el Estado de derecho, las instituciones democráticas, la administración pública y los derechos fundamentales. Sin embargo, la historia de Hungría bajo el mandato de Orbán implica que sus intervenciones serán observadas con atención. La cuestión es si Budapest utiliza ahora el procedimiento para proteger los estándares o para mantener su influencia.
La cuestión del Estado de Derecho sigue presente tras Budapest.
La elección de Magyar y su primera aparición en la cumbre han aliviado la tensión diplomática, pero no han borrado el legado institucional de Hungría. Bruselas lleva años debatiendo con Budapest sobre la independencia judicial, el pluralismo mediático, las medidas de protección contra la corrupción, la libertad académica y la sociedad civil. Un primer ministro más constructivo puede reabrir las puertas, pero la recuperación democrática depende de las leyes, los nombramientos, las instituciones públicas y la práctica administrativa cotidiana.
Por eso, la acogida más cordial de la UE a Hungría conlleva tanto oportunidades como riesgos. Si Bruselas se apresura demasiado a normalizar las relaciones, podría debilitar la credibilidad de su propia condicionalidad del Estado de derecho. Si trata a Hungría como una ciudad permanentemente sospechosa, podría perder una verdadera oportunidad de reforma tras años de retroceso democrático.
The European Times recientemente describió a Hungría Reiniciar con Bruselas condicionado a que se demuestre que la reparación institucional va más allá de un simple cambio de tono. Esa sigue siendo la prueba fundamental. Los medios de comunicación independientes, los tribunales, los organismos de control y las organizaciones cívicas serán mejores indicadores del rumbo de Hungría que la puesta en escena de las cumbres.
La influencia de Orbán no ha desaparecido.
La ausencia de Orbán en la mesa de líderes supone un cambio trascendental en la política europea. Sin embargo, sería prematuro considerar su proyecto político como finalizado. Sigue siendo una figura influyente en la derecha nacionalista europea, y sus aliados continúan marcando la pauta en los debates sobre soberanía, migración, política familiar, sanciones y relaciones con Rusia.
Esto crea una doble realidad para la UE. Dentro del Consejo, Hungría podría volverse menos conflictiva. Fuera de él, la red de Orbán aún puede presionar a los partidos conservadores y de extrema derecha en todo el continente. El resultado no es una ruptura total, sino una redistribución de la influencia: menos poder de veto en las instituciones de la UE y mayor movilización ideológica fuera de ellas.
Para Magyar, el desafío también es interno. Debe demostrar a los votantes húngaros que la cooperación europea no implica renunciar a los intereses nacionales. Debe tranquilizar a Bruselas sin dar la impresión de gobernar bajo sus órdenes. Y debe reconstruir las garantías democráticas mientras gestiona una oposición política que lo acusará de desmantelar el antiguo sistema para obtener réditos partidistas.
Una estrecha oportunidad para Europa
La UE debería acoger con satisfacción la postura menos beligerante de Hungría, pero con disciplina. El proceso de adhesión de Ucrania debe seguir siendo creíble y basado en los derechos humanos. El acceso de Hungría a los fondos de la UE debe seguir supeditado a reformas verificables. Y los estándares democráticos más amplios de la Unión no deben depender de si un gobierno es afín o inconveniente.
El debut de Magyar en Bruselas es importante, por lo tanto, no porque defina el lugar de Hungría en Europa, sino porque reabre el debate en mejores términos. Tras años en los que Budapest a menudo dificultó la unidad de la UE, Hungría tiene ahora la oportunidad de demostrar que la soberanía nacional y la responsabilidad europea pueden coexistir. La prueba no se verá en los aplausos alrededor de una cumbre, sino en las instituciones en las que los húngaros confían una vez que las cámaras se hayan retirado.
