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La UE utiliza su influencia en materia de visados ​​con Guinea.

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La UE utiliza su influencia en materia de visados ​​con Guinea.
Foto por Índice Global de Residencia on Unsplash

La decisión del Consejo endurece el proceso de Schengen tras la disputa sobre la cooperación en materia de readmisión.

El Consejo de la Unión Europea ha decidido endurecer los procedimientos de visado Schengen para los ciudadanos guineanos, argumentando que Conakry no ha cooperado lo suficiente en la readmisión de sus ciudadanos que se encuentran en situación irregular en Estados miembros de la UE. Esta decisión, adoptada el 10 de julio, intensifica el debate europeo sobre si la aplicación de la legislación migratoria debe ejercerse mediante la presión sobre los gobiernos de terceros países y cómo dicha presión afecta a los viajeros comunes, las familias y la protección de sus derechos.

En virtud de esta medida, los países de la UE que aplican las normas de visado Schengen ya no utilizarán varias disposiciones de facilitación para los solicitantes guineanos. El Consejo dijo que había decidido restringir temporalmente la emisión de visas porque la cooperación con Guinea en materia de readmisión seguía siendo insuficiente.

La decisión de implementación señala retrasos y obstáculos en la identificación de ciudadanos guineanos, la emisión de documentos de viaje de emergencia y la organización de operaciones de retorno. Indica que los guineanos se encuentran entre las nacionalidades más numerosas identificadas como inmigrantes irregulares en los países evaluados bajo el mecanismo del código de visado de la UE, y que se ha acumulado un retraso en la tramitación de los casos de readmisión.

¿Qué cambios habrá para los solicitantes?

En la práctica, esto no supone una prohibición total de visados. Los ciudadanos guineanos que necesiten un visado Schengen aún pueden solicitarlo. Sin embargo, el proceso se vuelve menos favorable: se amplía el plazo de tramitación habitual, se puede suspender la simplificación de la documentación, resulta más difícil obtener visados ​​de entrada múltiple bajo las normas facilitadas y ya no se ofrecen las exenciones de tasas opcionales para pasaportes diplomáticos y de servicio de la misma manera.

Esta decisión no se aplica a algunos miembros de la familia amparados por los derechos de libre circulación de la UE, ni a los casos en que los Estados miembros deben cumplir obligaciones de derecho internacional como anfitriones de organizaciones o conferencias internacionales.

Para Bruselas, la medida forma parte de un instrumento jurídico introducido en el Código de Visados ​​de la UE para vincular el tratamiento de los visados ​​de corta duración con la cooperación en el retorno de personas que no tienen derecho a permanecer en el bloque. La propia explicación de la política de visados ​​del Consejo afirma que el mecanismo permite medidas restrictivas relacionadas con la tramitación de visados cuando se considera que un tercer país no coopera en materia de readmisión.

Una herramienta de migración con consecuencias en materia de derechos.

Esta decisión se produce en un momento en que la política migratoria de la UE atraviesa una fase de mayor rigor en materia de aplicación de la ley. El nuevo marco de retornos del bloque, las reformas más amplias en materia de asilo y los debates sobre los acuerdos de retorno externos han intensificado el escrutinio por parte de organizaciones de derechos humanos, iglesias y organizaciones de la sociedad civil.

La preocupación no radica en que los Estados carezcan de autoridad para expulsar a personas tras un procedimiento justo cuando no tienen derecho legal a permanecer en el país. La cuestión más compleja es si los instrumentos de presión de la UE pueden seguir siendo proporcionados, transparentes y respetuosos de los derechos humanos cuando afectan a categorías de personas que no son responsables de las disputas diplomáticas sobre la cooperación en materia de retorno.

Esa cuestión ya ha surgido en el debate más amplio sobre la rentabilidad. The European Times Recientemente se informó que el jefe de derechos humanos de la ONU había... advierten los responsables políticos de la UE. que las normas para acelerar las deportaciones deben ser compatibles con los derechos humanos y el derecho de los refugiados, incluidas las salvaguardias contra las expulsiones inseguras y la detención arbitraria.

La influencia en materia de visados ​​se inscribe en el mismo contexto político. Si bien se ejerce antes del viaje, no después de una orden de expulsión, afecta el acceso a la movilidad, las visitas familiares, los estudios, los negocios, la diplomacia y el intercambio con la sociedad civil. Para las personas en países con menos opciones económicas y consulares, los trámites más largos y las vías de acceso más limitadas pueden acarrear costos reales.

Presión y colaboración

La UE sostiene que la cooperación en materia de readmisión es necesaria para un sistema migratorio creíble. Los Estados miembros se han quejado durante mucho tiempo de que las decisiones de retorno son difíciles de aplicar cuando los países de origen retrasan la documentación o se niegan a cooperar en la práctica. En este sentido, la política de visados ​​es uno de los pocos instrumentos disponibles para incentivar a los Estados a cumplir con sus responsabilidades.

Pero la presión ejercida también puede limitar el margen de colaboración. Si las restricciones de visado se perciben principalmente como un castigo colectivo, corren el riesgo de endurecer las relaciones con los gobiernos, cuya cooperación es necesaria no solo en materia de retornos, sino también en lo que respecta a vías legales, protección, desarrollo, educación y lucha contra la trata de personas.

El contexto político y social de Guinea añade otra dimensión a la situación. Muchas personas abandonan África Occidental debido a una combinación de desempleo, inseguridad, presión familiar, estrés climático y la esperanza de mantener a sus familiares. Una política de retorno centrada únicamente en la cooperación administrativa podría eliminar un obstáculo para los gobiernos de la UE, sin abordar las causas profundas de la migración.

La decisión del Consejo es, por lo tanto, más que un ajuste técnico de visados. Es una señal, aunque sutil, de cómo Europa intenta hacer más aplicables las normas migratorias tanto en sus fronteras como fuera de ellas. La prueba para los responsables políticos será si se puede aplicar la normativa sin menoscabar las garantías jurídicas y la dignidad humana que, según la UE, distinguen su sistema de la mera disuasión.