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Más allá del PIB: repensando la prosperidad para las generaciones futuras

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Más allá del PIB: repensando la prosperidad para las generaciones futuras

Durante décadas, el crecimiento económico se ha considerado la medida más clara de progreso. Sin embargo, el aumento del PIB no siempre se traduce en vidas más felices y saludables, y los costos ambientales y sociales del crecimiento son cada vez más difíciles de ignorar.

Martijn Burger, profesor de economía de la felicidad en la Open Universiteit de los Países Bajos, cree que es hora de ampliar el debate.

“Nos centramos en el bienestar subjetivo”, afirmó. “Se trata de cómo se sienten las personas la mayor parte del tiempo y si están satisfechas con sus vidas”.

En lugar de centrarse únicamente en la producción económica, Burger y sus colegas están explorando qué permite a las personas vivir vidas largas, satisfactorias y significativas, al tiempo que garantizan que las generaciones futuras puedan hacer lo mismo.

Esta cuestión constituye el eje central de una iniciativa de investigación trienal financiada por la UE llamada WISER, que se desarrolló entre 2023 y 2026 y fue coordinada por Burger. 

Reúne a más de 20 universidades e instituciones de investigación europeas, así como a socios de investigación clave de los cinco continentes, abarcando disciplinas que van desde la economía y la psicología hasta la sostenibilidad, la salud y las políticas públicas. 

Su objetivo es desarrollar un marco que ayude a los responsables políticos a equilibrar la prosperidad económica con el bienestar sostenible para las generaciones presentes y futuras.

El momento es significativo. En marzo de 2026, la Comisión Europea lanzó su primera estrategia sobre equidad intergeneracional, con el objetivo de garantizar que las decisiones de hoy no comprometan las oportunidades de las generaciones futuras.

Mirando más allá del crecimiento

Mientras Europa se enfrenta al cambio climático, a los cambios demográficos y a las crecientes presiones sociales, las preguntas sobre cómo definir la prosperidad cobran cada vez mayor importancia.

El equipo de WISER cuestiona una suposición arraigada en la economía: que el PIB per cápita es la medida definitiva de una sociedad próspera. En cambio, los investigadores argumentan que el crecimiento económico es solo una de las diversas condiciones que contribuyen a una buena calidad de vida.

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No se trata solo de cuánto crecimiento, sino también de cómo se produce ese crecimiento.

Profesor Martijn Burger, WISER

“El crecimiento económico puede contribuir a una vida larga y feliz, pero no es necesariamente un resultado”, explicó Burger. “Hay tipos de crecimiento económico que, de hecho, podrían no promover una vida larga y feliz”.

Según señaló, el crecimiento puede producirse a expensas de la calidad ambiental, las relaciones sociales o la igualdad.

Las investigaciones han demostrado que el bienestar depende de mucho más que los ingresos. La salud, las relaciones sociales, la confianza, la seguridad, un trabajo significativo y la confianza en las instituciones desempeñan un papel importante en la configuración de la vida de las personas.

Eurostat últimas cifras Los estudios muestran que los europeos califican su satisfacción vital con una media de 7.3 sobre 10. Sin embargo, persisten diferencias significativas entre países y grupos sociales, lo que subraya la importancia de comprender qué factores influyen en el bienestar más allá de las medidas económicas.

Estas ideas se reflejan en el marco WISER, que sitúa factores como la atención sanitaria, la educación, la calidad ambiental, la cohesión social y las instituciones sólidas, junto con la prosperidad económica, como pilares del bienestar a largo plazo.

Lecciones de América Latina

Para comprender mejor los factores que influyen en el bienestar, los investigadores miraron más allá de Europa. Algunos de sus hallazgos más interesantes provienen de América Latina, donde las personas suelen reportar niveles de felicidad y satisfacción con la vida que superan las predicciones de los economistas basadas únicamente en los ingresos.

La profesora Lina Martínez, de la Universidad Icesi de Colombia, que lidera parte de la investigación latinoamericana, describe esto como el “fenómeno latinoamericano”.

Si bien países como Finlandia, Dinamarca y Noruega obtienen sistemáticamente buenos resultados en las clasificaciones internacionales de calidad de vida, muchos países latinoamericanos registran niveles sorprendentemente altos de felicidad cotidiana, a pesar de tener ingresos medios más bajos y servicios públicos menos fiables.

Según Martínez, la explicación reside en gran medida en la solidez de las relaciones sociales.

“En Latinoamérica, la felicidad se basa en la solidez de nuestras relaciones con la familia, los amigos, los vecinos y la comunidad”, afirmó. “Estamos en un puesto alto en la escala gracias a esta solidez”.

Las redes sociales sólidas suelen compensar las deficiencias de los servicios públicos. Los familiares a menudo brindan cuidado infantil, atención a personas mayores, apoyo emocional y asistencia financiera, lo que genera resiliencia y un fuerte sentido de pertenencia.

“Utilizamos nuestras redes sociales para proporcionar y compensar los servicios que no tenemos en el estado”, dijo Martínez.

Estos hallazgos pueden ofrecer lecciones para Europa, donde la soledad y los problemas de salud mental se han convertido en preocupaciones crecientes a pesar de los niveles relativamente altos de riqueza e inversión pública.

Las diferencias culturales implican que el modelo social de América Latina no puede replicarse sin más, pero Martínez cree que hay lecciones prácticas que se pueden aplicar.

“Habla con alguien a diario, llama a tu madre, pasa más tiempo con tus amigos, programa una cita para tomar un café con alguien”, dijo. “Puedes empezar con algo muy sencillo”.

Convertir el bienestar en política pública.

El interés del equipo WISER va más allá de comprender el bienestar. También están desarrollando herramientas prácticas para ayudar a los gobiernos a evaluar las opciones políticas desde la perspectiva de la calidad de vida. 

Este marco ayuda a los responsables de la toma de decisiones a comprender cómo interactúan las políticas económicas, sociales y ambientales, lo que permite tomar decisiones más informadas sobre el desarrollo a largo plazo.

Entre sus resultados se encuentra un panel de control que compara los indicadores económicos tradicionales con medidas como el bienestar subjetivo y los "años de vida feliz", una métrica que combina la esperanza de vida con la satisfacción vital autoinformada.

El marco de trabajo ya se ha puesto a prueba en una región al sur de Róterdam que experimentaba crecimiento económico, pero tenía dificultades para retener a los jóvenes. Utilizando datos regionales y entrevistas con líderes empresariales y autoridades locales, los investigadores analizaron cómo atraer inversiones, pero también qué tipo de desarrollo mejoraría realmente la calidad de vida.

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Utilizamos nuestras redes sociales para proporcionar y compensar los servicios que no tenemos en el estado.

Profesora Lina Martínez, WISER

En lugar de centrarse simplemente en industrias que pudieran impulsar la producción económica, el marco ayudó a los responsables políticos a evaluar factores como el impacto ambiental, la calidad del empleo y si los nuevos puestos de trabajo se ajustarían a las habilidades de los jóvenes locales.

El análisis reveló importantes disyuntivas. Si bien las instalaciones logísticas y los centros de datos podrían impulsar la actividad económica, se consideró que las inversiones en agricultura, innovación hídrica y turismo sostenible tenían más probabilidades de beneficiar tanto al medio ambiente como a las comunidades locales.

“No se trata solo de cuánto crecimiento se produce, sino también de cómo se genera”, dijo Burger. “Si se genera crecimiento de una manera que no es sostenible, entonces eso podría ir en detrimento de la calidad de vida en general”.

Un futuro mejor

El énfasis en las generaciones futuras coincide plenamente con la agenda intergeneracional emergente de la UE. La protección del medio ambiente, por ejemplo, se considera no solo una necesidad ecológica, sino una inversión en el bienestar futuro.

“La sostenibilidad ambiental no se trata solo de preservar el medio ambiente, sino también de mantener el bienestar de las generaciones futuras”, dijo Burger.

Mientras Europa busca maneras de mantener su competitividad al tiempo que afronta el cambio climático, las presiones demográficas y la desigualdad social, la investigación WISER nos recuerda oportunamente que la prosperidad y el bienestar no tienen por qué ser objetivos contrapuestos. Las sociedades más felices y saludables tienden a ser más productivas, resilientes e innovadoras a largo plazo.

Esto también coincide con la evidencia internacional. El Informe Mundial sobre la Felicidad muestra sistemáticamente que los países mejor clasificados del mundo combinan la prosperidad económica con un sólido apoyo social, confianza en las instituciones y una esperanza de vida saludable, lo que sugiere que el bienestar y la competitividad pueden reforzarse mutuamente en lugar de competir.

Los investigadores argumentan que el objetivo final no es simplemente generar riqueza, sino crear las condiciones para una vida mejor en la actualidad, al tiempo que se salvaguardan las oportunidades para las generaciones futuras.

«Esperamos que nuestro trabajo motive a los responsables políticos, y quizás también a las empresas, a replantearse la calidad de vida», declaró Burger. «Centrarse únicamente en la capacidad económica de las regiones no es la única manera de garantizar una buena calidad de vida en el futuro».

La investigación de este artículo fue financiada por el Programa Horizonte de la UE. Las opiniones de los entrevistados no reflejan necesariamente las de la Comisión Europea. Si te ha gustado este artículo, te invitamos a compartirlo en redes sociales.

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